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A todos, en mayor o menor medida, nos gustan los cotilleos. Una vez tuve un colega en el trabajo que cada vez que alguien salía de la habitación, comenzaba cotillear sobre esa persona. No me gustó mucho aunque, debo admitirlo, también me permito a veces chismear sobre las personas que no están. Sin embargo, mi antiguo colega y yo en este sentido no somos una excepción. Esto se demuestra en un estudio de actualidad llamado "Why People Gossip", realizado por científicos holandeses. Según este estudio entre el 65 y el 90 por ciento de las conversaciones entre adultos son sobre la vida, los chismes y cotilleos de terceros en su ausencia. Además, los investigadores incluso encontraron que los chismes le dan a una persona casi el mismo placer que comer y tener relaciones sexuales.

Según los resultados del estudio, el 11 por ciento de los encuestados cotillea diariamente, el 15 por ciento, varias veces a la semana, el 18 por ciento, una vez a la semana, el 5 por ciento, varias veces al mes. Y el 50 por ciento de los encuestados dicen que no hablan de las personas a simple vista, o lo hacen raramente. A la mayoría de los chismosos les gusta hablar de vecinos 16%, colegas 16%, familiares 15%, amigos 14% y jefes 11%. Sin embargo a las personas no les gusta difundir chismes sobre sus compañeros de vida y sobre su privacidad. Sólo el 4% hace esto. Con estos datos, y viendo que el cotilleo es casi una necesidad vital, tal vez no es tan mala idea sustituir el hecho de hablar sobre la vida de personas que conocemos, y sustituirlo por cotillear sobre la vida de celebridades y famosos, que al fin y al cabo, para eso está la prensa rosa, el cotilleo de actualidad y la prensa del corazón, ¿no?

Las personas tienden al cotilleo y a las habladurías, y normalmente esa tendencia suele tener un componente malicioso. Canalizar esa “maliciosidad” hacia personas que nosotros conocemos, pero que no nos conocen, y a las que nuestro cotilleo con nuestro compañero de despacho no les va a afectar, no parece tan mala idea. Además, al contrario de lo que se piensa, de vez en cuando cotillear es muy útil. "Cotilleando, podemos descubrir cuál de los interlocutores es nuestro aliado potencial y de quién es mejor alejarse", cita el ejemplo del psicólogo Jan Engelmann, quien estudia el cotilleo como un fenómeno sociopsicológico en la Universidad de California en Berkeley.

Pero en general, el chisme es especialmente característico de los egoístas que buscan manipular a otras personas y ejercer una influencia maliciosa sobre ellos, los autores del estudio “Why People Gossip” llegaron a esta conclusión. Por eso, si deseamos quedar fuera de esa descripción, pero sentimos el deseo irrefrenable de chismear sobre la vida de los demás, estar al día sobre noticias de cotilleos puede ser una válvula de escape que nos ayude a mantener intacta nuestra reputación… o casi.

El chisme fortalece los lazos sociales, permite establecer un contacto cercano con otros y obtener apoyo de ellos, hacer amigos y mantener amistades. Por otro lado, en un grupo de personas de ideas afines no está completo sin chismes. Según los psicólogos, no hay nada de malo en eso. Como resultado del estudio, las razones por las cuales las personas cotillean pueden ser muy diferentes. Sin embargo, la mayoría de los chismosos no tienen  (no tenemos) malas intenciones. Los chismes para ellos son solo una oportunidad para divertirse, conversar con otras personas y pasar un buen rato, escriben científicos holandeses.

Así que le animamos a seguir cotilleando de forma inocua. Utilice la prensa del corazón, esa excelente herramienta a su alcance, para amenizar la próxima reunión familiar sobre lo viejo que se ha puesto Brad Pitt o lo fea que está Angelina “tan flaca”. Será igualmente gratificante y no le traerá los problemas que podría acarrearle el comentar que vió el otro día al primo Pedro paseando por el centro comercial con una señora que no era su mujer…

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